Influencias y plagio

Esperpentos, Manifiestos

Yo soy la primera que busca referencias en los libros, en la calle y en internet para llevar a cabo mis trabajos. Si hay algo que me gusta del diseño, a pesar de su función comercial -de la que me gustaría hablar en otro post- es todo lo que aprendo durante el proceso de creación, a través de la búsqueda de referencias, definiciones, analogías, incluso sorprendentes casualidades, meras chispas que te llevan de un lado para otro en una investigación que nunca termina como había empezado, en un juego de conceptos y líneas gráficas mucho más rico que si sólo hubiera buscado en mi interior. Y es que crezco como persona cada vez que me implico en un proyecto nuevo, por eso, porque aprendo muchas cosas por el camino, más que cuando lo ejecuto, cuando lo configuro. Pero esa sensación de ser “menos” al empezar un proyecto que al terminarlo no me hace sentir incompleta o insegura, sino que el proceso me hace confiar poco a poco más en mí misma, entre otras cosas, porque el resultado final es creación propia, pero no en el sentido ególatra del genio creador, sino en el del artista gestor de imágenes e ideas que le rodean y su transformación en algo legítimo.

Lo que pasa es que esa “curación de contenidos”, esa selección de influencias debe, además de pasar nuestro filtro, metamorfosearse, cambiar de sentido a veces, casi alegóricamente, para componer un nuevo significado en nuestro trabajo. No se me ocurre casi nada más humillante que presentar un trabajo ajeno como propio, sin haber pasado por la turmix previamente. Tal vez Duchamp, en su proceso de autocrítica también pensó en algo parecido, en la destrucción de ese genio creador a través de la apropiación, transfiriendo nuevos significados a un arte cosificado. Pero la apropiación tiene que estar justificada.

Hace unos años se puso de moda un tipo de fotomontaje photoshopeico, cuando menos pintoresco y muy interesante desde el punto de vista técnico. Así que me propuse alcanzar el nivel técnico suficiente para lograr un resultado similar a esas imágenes fantásticas que tanto me atraían.  Realicé un cartel sobre la movilidad sostenible como excusa para practicar con el Photohop. Huelga decir que para este tipo de montaje es necesario un banco de imágenes del que, por desgracia no disponía. La opción “imágenes grandes” del buscador de google es básica para apropiarse de fotos, con todo lo que ello conlleva: nunca encontrarás la foto precisa, no tendrá la calidad necesaria y el precio que supondrá retocarla, vectorizarla o recortarla será prácticamente el mismo que si la foto la hubieras hecho tú previamente o la hubieras encargado. Y por supuesto, te enfrentarás al conflicto de derechos de autor. Pero es lo que hay y mi proyecto era eminentemente personal, del que no iba a percibir más beneficio que el aprendizaje. El fotomontaje además, consistía en recortar, juntar y ambientar muchísimas imágenes y detalles entre sí que finalmente darían como resultado algo totalmente nuevo, por lo que mi conciencia estaba bastante tranquila. Mi isla flotante, con un mensaje, una composición y un estilo diferente, no tenía nada que envidiar a aquellas en las que me había inspirado, pero es que además en ningún caso podría considerarse una copia: Aquí las influencias. Y aquí, mi práctica personal.

Cuando sorprendentemente resulta que uno mismo empieza ser referencia para otros, e intenta digerir la sensación inevitable de halago y agradecimiento, descubres el lado amargo del asunto:  y es que hay quien prefiere copiar tus trabajos. Me gustaría que confiasen más en ellos mismos, en su propio criterio y que desconfiasen un poco más de los demás. Sobretodo porque si tus influencias están podridas, tus copias también lo estarán. Cada uno puede responder de sus errores, pero no de los de los demás. Es decir, si tú te equivocas y yo te copio, incurriré en el mismo error y además de ser una copiota, seré una gilipollas, y eso sí que no. Por otro lado, lo normal es que si yo tomo a un diseñador como referente es porque considero que su trabajo en algún aspecto es mejor que el mío. Si copio un Velázquez e intento hacerlo pasar como mío, lo más probable es que fracase en el intento, porque la copia siempre será peor que la obra de quien la concibió, con sus defectos y virtudes. Y si la mejoras, es posible que tu referente no sea tan bueno como pensabas.

Así pues, si una copia, es una copia de una obra imperfecta, y encima siempre será una mala copia, ¿por qué copiar?

Hace un par de años realicé esta infografía sobre la UDS (muy significativa, ahora que ha desaparecido) y la colgué en mi portafolio antes del día de entrega:

infografia_uds_diana_hidalg

Una compañera debió de realizar la pertinente búsqueda en google y encontró mi infografía. Ignoro si ella sabía si era trabajo mío o no, pero no dudó en copiarlo. Esto es lo que ella presentó:

infografia_uds_marta_hernan

Y no fue la única. Ni la única compañera que copió el trabajo, ni la última vez que lo hizo.

Teniendo en cuenta que mi trabajo tiene virtudes pero a veces también tiene defectos, espero que finalmente se haya dado cuenta de que es mucho mejor responder de un trabajo cuando es tuyo. Y sobretodo, disfrutar del proceso tanto como lo hago yo. Es un consejo.

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